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jueves, 9 de septiembre de 2010

La última tarde de agosto

Ayer, andando perdido, te encontré. Caminabas entre sonrisas, luminoso y feliz, rodeado de todos esos colores que emanas cuando respiras, todos esos colores que me inundaban cuándo me mirabas. Y de repente, decenas de imagenes tuyas, mías y de los dos, azotaron mi mente recordándome lo que yo no quise que fuera, o lo que yo no pude ser.

Ayer te ví, y me escondí tras la primera esquina. Nisiquiera miré atrás. Asustado y nervioso, casi ansioso, como un adolescente cuándo ve a su primer amor en cualquier banco de cualquier parque, sentado, hablando de sueños y miedos. Después, pasé más de  siete veces por el mismo sitio, esperando verte de nuevo, y deseando ser capaz esta vez de no escapar ante tu presencia.

Pero ya no estabas. Igual que yo no estuve la última tarde de agosto. Culpable, engañado e invadido por mentiras y miedos. Fue, y es, una historia imposible. Entonces yo convertí mi primer amor en mi primer desamor. Yo fui infiel a mis sentimientos y te saque de mi vida, o me salí de la tuya. Ahora tu no estás aquí, navegas por lugares diferentes, sin nada que esconder, enamorado y vivo.

Aquí, todo sigue igual.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Carta a nadie

Es jodido pensar que ya no queda nada de ti en mí vida. En realidad, es jodido pensar que no quieres formar parte de mi vida, puesto que me temo que te quedarás en mi vida por un tiempo. Supongo que aún me quedan ratos de llantos y risas enlazadas con tus recuerdos.

Es jodido, así de repente, sentirme sólo, en medio de una puta multitud que se empeña en que este bien, salga y me divierta. Ya ves, intentan convencerme de que si jodo a 17 estaré mejor, cuándo mi cabeza lo que de verdad me pide es que te joda a ti, de una u otra forma. En la cama, o haciéndote aún más daño del que tú me has hecho a mí. Ya ves, todas las promesas rotas en unas cuantas frases mal dichas.

¿Y ahora qué? sabes de sobra que no te pedí ni te pediré explicaciones, ni siquiera las quiero escuchar ¿para qué? ¿va a cambiar en algo tus explicaciones la situación?  Mierda para ti, para mí y para las explicaciones dadas a lo largo de la historia, de nuestra historia.  Sin embargo, me hago docenas de preguntas que no sé responder, que no sabrías responder, y que chocan contra las paredes de mi habitación una y otra vez, haciéndose más poderosas en cada rebote. A veces me sorprendo pidiéndome explicaciones a mí mismo.

Mis deseos de volver a verte y tocarte de nuevo luchan con mi decisión de no volver a verte jamás, aunque "jamás" cambia de significado más de 10 veces cada hora, y aunque mi decisión sea más o menos fuerte dependiendo de la imagen que pasee por mi mente en cada momento.

Ya ves, roto y jodido.

http://www.youtube.com/watch?v=nxtnoIV7FLo&feature=related

El andén de Marta.

A Marta le gustaba quedarse sentada en el andén todos los días a la vuelta de su trabajo, mientras miraba alejarse el tren que la acaba de dejar en su estación y mientras la gente que viajaba con ella, y abandonaba el viaje en la misma estación que ella, se disolvía por las dos puertas de la pequeña estación de su lugar.

Marta permanecía en el andén de su estación durante horas, casi inmóvil, viéndo pasar trenes, vidas, recuerdos, miedos y deseos. Siempre se quedaba hasta que pasaba el tren de las diez de la noche. Aquel tren no paraba, continuaba, y Marta siempre deseaba ir subida en aquel tren, que no paraba en aquella estación, y que, ella estaba segura, la podría llevar a un lugar lejos del suyo. A Marta le costaba abondonar aquel andén, que ella consideraba su refugio, el lugar dónde  había elegido sentirse a salvo.

La vida de Marta parecía detenerse durante aquellas horas en el andén. Ella en cambio tenía la sensación de vivir en ese tiempo todo aquello que para ella no era posible antes o después de su tiempo en ese andén.

Marta dejaba el andén para irse a casa y seguir con la vida que le había tocado.

Marta tenía 27 años, una vida llena de cosas por hacer, llena de gente que la saludaba, y puede que llena de gente que la quería. Marta había sido buena estudiante y ahora era buena en su trabajo. Era apreciada por sus compañeros, contaba con el apoyo y cariño de su familia, y el amor de su pareja.

Marta se sentía sola e inútil, fuera de lugar, de ese lugar con el que soñaba todos los días en el andén, y que nunca tuvo valor de buscar fuera de aquella estación.

Ayer Marta dejó el banco del andén a las 21:57, antes de que pasara el tren de las 22:00, con tiempo suficiente para bajar a la vía. Marta se sentó en la vía, mirando en la dirección y sentido que el tren avanzaba. Tenía miedo de asustarse de su decisión.

El tren no la vio, pero se la llevó, lejos y para siempre. Muchos lloraron por su viaje, nadie entendió su decisión.

Ella sí.

http://www.youtube.com/watch?v=KLTt00azxRE&feature=related